El modelo de ciudad

Barcelona es una ciudad rica, con un tejido social y una capacidad creativa excepcionales. Es también una ciudad que ha vivido tanto la efervescencia y el dinamismo de los primeros ayuntamientos democráticos como la deriva privatizadora y especuladora que se ha ido imponiendo con fuerza en las últimas décadas. No nos podemos permitir la dinámica actual de un gobierno que prepara la pista de aterrizaje a grandes corporaciones que hacen enormes beneficios mientras las desigualdades entre la población alcanzan niveles escandalosos.

Queremos una Barcelona más justa y que haga frente a las desigualdades. Queremos una ciudad líder en la rebelión democrática que se está viviendo en todo el Sur de Europa. Una ciudad que haga valer la inteligencia colectiva de su ciudadanía, al tiempo que cuida de los que viven y afronta los retos de la crisis ambiental. Queremos una Barcelona que prevea tanto las emergencias más inmediatas a las que tenemos que hacer frente como aquellas acciones que nos permitirán caminar hacia la ciudad que soñamos, fruto de un trabajo colectivo donde todo el mundo tenga un sitio.

Para caminar hacia este modelo de ciudad hay que avanzar en cuatro grandes líneas de intervención:

  • Derechos básicos: Barcelona ha sido siempre una ciudad rebelde ante las injusticias. Si queremos que siga siendo una referencia en la lucha contra las desigualdades, debemos impulsar medidas inmediatas que se planteen como horizonte una ciudad donde las personas tengan garantizados los derechos básicos para una vida digna. No podemos esperar más. Tenemos que priorizar de manera absoluta este tema.
  • Cambio de modelo​: Más allá de las medidas para garantizar los derechos básicos de la ciudadanía, hace falta cambiar el modelo de ciudad. Para ello es necesario frenar los procesos de privatización, precarización y segregación que se están produciendo, y también impulsar nuevas prácticas económicas, sociales y culturales, más cooperativas y sostenibles.
  • Ciudad para la vida​: Para revertir las distancias injustas entre barrios y personas, y hacer que la igualdad de oportunidades sea una realidad, es necesario construir una ciudad más humana y amable para todos y todas, independientemente de la edad, el género, los orígenes y las capacidades. Esto exige asegurar el derecho a la educación en un sentido amplio, es decir, más allá de la escuela, desde la primera infancia y a lo largo de la vida. Y pasa, también, por la promoción de la salud y del bienestar de proximidad, tanto a través de servicios sanitarios asequibles y de calidad como del cuidado del medio ambiente, evitando la contaminación y el derroche de recursos y de energía. Todo ello dedicando especial atención a la gente mayor, un patrimonio humano y cívico valioso del que hay que aprender y al que hay que implicar.
  • Democracia abierta​: Garantizar derechos básicos, cambiar el modelo de ciudad y conquistar una ciudad para la vida exige un cambio radical en la forma de tomar las decisiones, de concebir las instituciones y de gestionar la ciudad. Una ciudad inteligente es una ciudad que da voz a la inteligencia colectiva en la toma de decisiones. Por ello, necesitamos transformar el Ayuntamiento, poner fin a las malas prácticas, aplicar más el sentido común y generar instituciones menos burocratizadas y más eficaces para resolver los problemas concretos de las personas que viven en Barcelona. Debemos dotar de un nuevo sentido y de fuerza conceptos utilizados de manera demasiado utilitaria o funcional, como participación, transparencia, autogestión y control ciudadano. 

Precisamente porque somos conscientes de las limitaciones que viven los consistorios debido a las políticas devastadoras impuestas por el Estado y la Comisión Europea creemos que es necesario construir una Barcelona en común que demuestre, tal y como ya lo está haciendo la ciudadanía, que sí que hay alternativa. Porque si tenemos el poder de imaginar otra Barcelona, ​​tenemos el poder de transformarla.