Barcelona En Comú propone una gestión pública de la cultura que priorice el acceso sobre el rédito económico

Barcelona En Comú (BComú) rechaza una gestión de la cultura entendida sólo como recurso de desarrollo económico y propone una gestión de la cultura como bien común, es decir, como un derecho de todo el mundo que pueda dar pie a construir un modelo de ciudad más justo, más plural y más democrático. En este sentido, la gestión pública tiene que dejar de ser un dispositivo administrador de control y producción de cultura para ser un sistema mediador con la ciudadanía. Se trata de pasar de administrar la cultura desde arriba para gobernar de forma dialogada y facilitando la gestión desde bajo, desde la ciudadanía.

Así se debatió ayer en el Casinet de Hostrafrancs donde más de un centenar de personas participaron en la segunda jornada de debates sobre Cultura en Común que organiza el eje de cultura de BComú, esta ocasión para formular entre todos y todas propuestas encaminadas a favorecer el acceso ciudadano a la cultura que defina el cambio cultural en la ciudad de Barcelona. Berta Sureda, candidata a la lista de BComú y gestora cultural, defendió una “nueva institucionalidad y gestión comunitaria de la cultura que incluya al tejido cultural de base y a la ciudadanía”. También pidió una “redistribución de los recursos y de la producción cultural que elimine la concentración en las grandes infraestructuras”. Los también candidatos a la lista al Ayuntamiento de Barcelona por la lista de Barcelona En Comú, Gerardo Pisarello y Gala Pin, participaron en el acto pidiéndo la entrada de la ciudadanía en la gestión de las instituciones culturales.

La jornada se dividió en tres mesas redondas de discusión, con la participación de profesionales de diferentes ramas de la cultura barcelonesa, donde se reflexionó sobre las grandes infraestructuras, equipamientos y acontecimientos culturales; la gestión colectiva de archivos y patrimonios; y las estructuras de proximidad de la ciudad.

De este modo, se abogó por democratizar el acceso, descentralizar y restablecer la función social de los equipamientos y acontecimientos culturales de la ciudad para avanzar hacia un modelo cultural democrático y ciudadano, no enfocado en atraer inversiones y turismo sino en las necesidades comunes. En este sentido, se pidió romper la centralización y opacidad de los archivos y patrimonios públicos, y evitar la homogeneización de los relatos de la memoria colectiva en sólo discursos oficiales. BComú, en consonancia, cree necesario repensar modelos y medidas para reconocer, acompañar y visibilizar todos estos patrimonios de forma colectiva, comunitaria y democrática. Abrir, por tanto, el patrimonio cultural a la gestión ciudadana.

En cuanto a la cultura de proximidad, se pidió ir más allá de una noción geográfica o de contenidos del término para reafirmar la defensa que propugna BComú de la gestión colectiva, participativa y de democracia directa tanto de los espacios como de los equipamientos y proyectos culturales, como hacen iniciativas como la Plataforma de Gestión Ciudadana. Asimismo, durante la jornada se planteó la necesidad de redefinir el papel del Instituto de Cultura de Barcelona (ICUB) como un espacio de mediación y de escucha, y no de control de la actividad cultural. En definitiva, hacer efectiva la participación directa de la ciudadanía en los espacios culturales de la ciudad.