Y llegaron los aires de primavera: crónica del acto “70 días para ganar Barcelona”

Por Natxo Medina @NatxoMedina

Es domingo en el barrio de Sants y luce el sol de mediodía. Aún así, no acaba de hacer calor. Es 15 de marzo, y el invierno se embarulla con la primavera. No tiene claro si tiene que irse o quedarse. Mientras se decide, las calles de alrededor de Cotxeres bullen de actividad. Una calçotada popular en la plaza Bonet i Muixí llena el aire de aromas, brasa y música. Un poco más allá, en la calle Rossend Arús, las mesas se plantan en la calle y se estiran los manteles. Es tiempo de celebrar, cada cual lo suyo, pero en el fondo lo mismo: que seguimos reivindicando tozudamente, día a día, que Barcelona sigue siendo nuestra. De los que pateamos sus aceras y la vemos a través de la ventana de nuestros trabajos o nuestras casas. 

Dentro de Cotxeres se estaba celebrando precisamente eso, pero de otra manera. Con cámaras de televisión, grabadoras, ordenadores y una pantalla en la que se proyectan vídeos. Con filas de sillas que poco antes de las 12.00 empezaron a llenarse. Con presentadores elegantes y una escaleta más medida que otras veces, cosa de coger experiencia a la fuerza con los meses y a base de trabajo duro.

En el aire nervios, pero de los buenos. Había sonrisas en las caras, había reencuentros, emoción. Barcelona en Comú celebraba que ya tiene equipo de gobierno, encabezado por Ada Colau, para recuperar el ayuntamiento; que cerraba unas primarias muy particulares, con 10 consejeros de distrito elegidos libremente por la ciudadanía; que encaraba la recta final, el estirón definitivo, de cara a la dura campaña electoral. Un proyecto que nacía sin nada hace menos de un año, de pronto estaba mirando de tú a tú, desafiante e ilusionado, a la gran maquinaria política y económica que asfixia con mano de hierro la ciudad.

De ahí la sensación que flotaba en el ambiente de estar a punto de presenciar algo importante, algo nuevo. Fuera el clima daba tumbos, pero estaba claro que dentro la Primavera con mayúscula estaba a punto de llegar.

El acto duró apenas una hora y tuvo un poco de todo. Empezó con música dixie a cargo de Stradixie's Band, que animaron al personal mientras la sala se llenaba. Mucha gente tuvo que quedarse de pie o ver lo que pasaba en el escenario desde las gradas laterales a través de una pantalla. Poco después, los maestros de ceremonias Joaquín Daniel y Alicia Gonzalez Laá subieron al escenario. No tuvieron ningún reparo en confesar que son actores, que estaban allí para encantarnos con sus artes, pero que sobre todo son barceloneses, padres, amigos, gente normal que tiene pesadillas con cómo será la Barcelona del 2025, con una tienda Desigual en cada esquina y una playa de pago.

Son miedos que de alguna manera a todos los que estábamos allí nos han asaltado alguna vez. Cuando vemos que la tienda de toda la vida cierra y es sustituida por una cadena multinacional. Cuando vemos que no podemos llevar a nuestros niños a las guarderías pero que nuestros supuestos representantes subvencionan la Fórmula 1 o regalan la ciudad a los asistentes del Mobile World Congress. Cuando, por indignarnos y replicar, nos dan palizas. Cuando vemos que poco a poco las calles de la ciudad van perdiendo la alegría.

Por eso la existencia de Barcelona En Comú, al igual que de otras tantas iniciativas emergentes de la ciudad, es tan importante. La emergencia es sinónimo de que algo se mueve, de que estamos luchando, con las armas que nos damos a nosotros mismos, contra esa pesadilla. Eso también se respiraba en las Cotxeres aquella mañana, cuando diez ciudadanos subieron al escenario y fueron presentados como candidatos a consejero de distrito. Cuando el equipo de gobierno candidato a la alcaldía fue recibido entre aplausos, allí uno veía gente comprometida que ha decidido dar un paso adelante, pese al vértigo que debe de suponer enfrentarse a un reto semejante.

Y luego hablaron Jaume Asens, Laia Ortiz, Gala Pin, Gerardo Pisarello, y con voz firme nos volvieron a poner frente a nuestros miedos y esperanzas, para recordarnos que los miedos están para enfrentarse a ellos y que tenemos todo por ganar. Y sobre esas tablas seguíamos viendo simplemente personas. No héroes glorificados por la propaganda institucional. Simples personas con el coraje suficiente para decir "basta". Para decir, "sí se puede", como coreó varias veces la platea.

Que este lema, popularizado por la PAH, sea uno de los que más se escuchan en los actos de Barcelona En Comú, ya desde la época Guanyem (parece que haya pasado una eternidad, tal es el ritmo al que marcha la campaña), dice mucho del ambiente que se respira en ellos, de la gente que participa, del clima de indignación positiva y anhelos de propuestas frescas que reina, de la pulsión que vive en el corazón de este proyecto político: crear un mundo nuevo y darle la patada al viejo. 

La misma en la que creció, trabajó, luchó y se hizo mediática Ada Colau, quien se subía finalmente al escenario con la voz algo tocada por la emoción para lanzar uno de sus demoledores discursos, uno de esos que te llegan hondo, que se dirigen a lo concreto y a lo universal y que te recuerdan lo hermosa que es Barcelona, por qué ha sido un ejemplo de lucha, tesón y creatividad; que te hacen pensar que no estás ante una candidata política, sino ante tu vecina, tu hermana, tu madre. Y que todas ellas, superheroínas por derecho y esfuerzo, se han amalgamado en una mujer que tiene la palabra, la razón y la fuerza para asumir la monstruosa responsabilidad de echarse un ayuntamiento de Barcelona a la espalda.

Claro que no está sola en su misión. No sólo porque tiene un gran equipo de gobierno detrás, sino por que su objetivo es el mismo que el de todos nosotros. Porque no estamos solos, por mucho que nos lo hayan hecho creer durante tantos años. Colau lo recordaba: "Ya estamos ganando, porque las cosas ya se están haciendo de otra manera, sólo dependía de la voluntad y del esfuerzo colectivo". O como decía el filósofo Raoul Vaneigem: "la lucha por una vida digna es ya en sí misma una existencia digna". Ahora que nos damos cuenta de ello, ahora que empieza a romperse el cerco, gracias a la labor cotidiana de cientos de personas, aquí y allá, lo vemos más claro. Y es entonces cuando lo entendemos: los vientos del cambio están aquí, y es tarea de todos seguir alimentándolos.