Un año en común

Hace un año que la ciudadanía de Barcelona hizo posible un gobierno del cambio, y es un buen momento para tomar aire, volver la vista atrás, rendir cuentas, hacer autocrítica y, sobre todo, celebrar juntas todo lo que hemos hecho a lo largo de estos 12 meses de trabajo intenso y conjunto.

El 24 de mayo del año pasado una candidatura de confluencia ciudadana ganaba las elecciones municipales en Barcelona, ​​recuperando el orgullo de una ciudad que ha sabido situarse a la vanguardia de la innovación social y política en los momentos claves de su historia.

Esta ha sido una meta colectiva que nunca se habría logrado sin dos ingredientes fundamentales: la ilusión y la esperanza de muchísima gente. La ilusión de que el grito de "Sí se puede" -que había servido para desafiar al relato oficial sobre la crisis, congregar a la gente en las plazas y detener desalojos- serviría para entrar en las instituciones y ponerlas al servicio de las personas. La esperanza de que, a pesar de los efectos devastadores de la crisis económica, si se trabajaba desde abajo y juntando fuerzas para objetivos concretos, era posible ganar unas elecciones y gobernar de forma diferente.

Un año más tarde podemos felicitarnos porque estamos más cerca de la Barcelona que nos atrevimos a imaginar. El cambio ya no es una promesa de futuro, una necesidad, una proyección, sino un proceso real que estamos construyendo, la ciudad está cambiando.

Los cambios más profundos, importantes y a largo plazo, son los que no pasan de un día para otro sino con la suma de pequeñas transformaciones que representan mejoras en la vida de la gente: ampliar las becas comedor, ampliar las ayudas para alquiler, aplicar la ley 24/2015 que nos permite detener desahucios, asegurar realojos y garantizar los suministros básicos, ampliar las plazas de guardería, las plazas de contratación pública para maestros y asistentes sociales (desafiando las leyes injustas que limitan la capacidad de los ayuntamientos de contratar trabajadores públicos) ... son algunos ejemplos de un cambio de dirección hacia un nuevo modelo de ciudad contrapuesto al modelo de crecimiento económico basado en la burbuja inmobiliaria y el turismo desregulado que habían llevado la ciudad a su límite.
 
A pesar de las dificultades que implica gobernar con sólo 11 concejales, la mayoría sin experiencia previa en las instituciones, estamos haciendo frente con determinación a la emergencia social y llevando a cabo medidas contra las desigualdades. La economía de Barcelona está creciendo después de años de estancamiento, y los indicadores así lo demuestran. Estamos poniendo las bases para una mejor redistribución de la riqueza, para potenciar el liderazgo público y para reactivar sectores clave de la ciudad que generan puestos de trabajo. También estamos reorientando el modelo sanitario, educativo y cultural para hacerlos más descentralizados, cercanos, comunitarios, y para que los intereses privados nunca se antepongan al interés común.

En un año hemos avanzado, también, en medidas de control democrático y transparencia: agendas públicas, cuentas públicas, código ético municipal para combatir la corrupción y evitar las puertas giratorias ... medidas que la ciudadanía estaba reclamando en un momento en que la crisis económica había provocado también una fuerte crisis de confianza en la política, los políticos y la misma democracia.

Ganar Barcelona ​​ha significado, además, ganar un altavoz en el mundo. Barcelona se está convirtiendo en poco tiempo en un referente en la defensa de los derechos y las libertades: en Cataluña impulsando un municipalismo transformador, en España consiguiendo el apoyo de las fuerzas del cambio comprometidas en la defensa del derecho a decidir, en Europa haciendo incidencia política en la crisis de los refugiados y compartiendo con otras ciudades europeas el reto de la acogida. Barcelona Ciudad Refugio es un plan que, ante la Europa deshumanizada que deja morir miles de personas en sus fronteras, nos debe hacer sentir orgullosos y orgullosas de los valores de esta ciudad.

Hace un año Barcelona En Comú ganó las elecciones. El objetivo, sin embargo, no eran las elecciones sino cambiar la ciudad. No se trataba de ganar un día sino de seguir ganando, día a día, una ciudad más justa y democrática. Trabajando para que este cambio real que estamos haciendo posible en la ciudad llegue a otros niveles de gobierno. Hemos encontrado una fórmula sencilla y poderosa: juntarnos a pesar de las diferencias, para encontrar qué tenemos en común y defenderlo. Este es el camino. Seguimos recorriéndolo juntos.