#365DiesEnComu

Un aniversario intenso. Y más que vendrán

Sábado al atardecer en el parque de la Estación del Norte. La música de Marinah hace levantar a la gente de Barcelona En Comú. En la calle hace frío, pero no dentro del parque. La gente salta, grita, se exhibe. Las risas y las bromas son habituales. Las chaquetas vuelan o quedan cuidadosamente arrinconadas porque, efectivamente, hace caloret. Barcelona es nombre de mujer, recuerda la que lideró Ojos de Brujo. Y así lo cantan mujeres y hombres que, después de haber pasado un día muy intenso de mesas de rendición de cuentas y discursos, tienen ganas de liberar tensiones. De desfogarse. De celebrar, al fin y al cabo, que Barcelona En Comú lleva ya un año en el Ayuntamiento.

Ha sido la mejor manera de culminar un día intenso –y, también hay que decirlo, bastante caluroso–, que empezaba por la mañana con cuatro mesas de debate: una sobre los derechos sociales. Otra sobre la economía del bien común. Una tercera sobre la democracia abierta. Y la última, sobre como hacer que la ciudad sea un lugar al servicio de la vida, no contra ella. Todo esto, al mismo tiempo que grupos de barrio, comisiones y En Comú Podem hacen suyo el parque con sus propias carpas. Mientras tanto, madres y padres llevan a los niños a una ludoteca montada ad hoc: Actividad política y cuidados se tienen que poder conciliar.

Los debates en cada una de las mesas son un reflejo del año vivido: gobernar la ciudad más grande de Cataluña no es sencillo. Y menos todavía si se plantean objetivos como reforzar unos servicios sociales desbordados. Atacar el vínculo entre desigualdad y salud. Fortalecer la economía social y cooperativa. Gobernar el turismo para que sus frutos beneficien a todas. Feminizar la política. Asegurar el uso social del espacio público. Gobernar la sociedad con la sociedad civil, con la gente. Un ingente listado de temas que interesan a la gente, y esto se nota en cada uno de los debates: decenas de personas escuchan, interpelan, participan.

Al cabo de un rato, las mesas dan lugar a la rendición de cuentas de Ada Colau. Hace un sol impotente, veraniego, pero esto no impide que centenares de personas ocupen las sillas del centro del parque para escuchar a la alcaldesa. Diarios, camisetas o paraguas hacen la función de parasol. Y es que, pasadas unas hores, no será extraño ver gente con caras más rojas de lo habitual. La semana, de alguna manera, ha sido un reflejo de las dificultades y contradicciones de gobernar la ciudad –el conflicto del Banco Expropiado es un ejemplo– y el Ada no se esconde en reconocerlo. Pero los árboles no tienen que impedir ver el bosque. Ni los avances logrados, como los encuentros de los barrios con la alcaldesa, el Plan de Barrios, o las Ciudades Refugio. Cambios que, poco a poco, acontecen realidades, a pesar de estar en minoría. ¿Por qué? En buena medida, porque la fuerza de Barcelona En Comú reside en la gente. Personas exigentes que reclaman un Ayuntamiento más democrático, más abierto a la ciudadanía. La gente, empoderada, es como el futuro. Imparable e inevitable.

Se acaban las mesas de debate. El estómago empieza a hacer su run run particular, y las raciones de paella desaparecen con rapidez bajo los árboles del parque. Como también lo hace la cerveza artesana que, todo se tiene que decir,  ayuda a pasar el calor. El césped invita a pasar el rato, y más de una familia decide que será un buen lugar donde hacer la siesta, una vez acabada la comida. El intermedio dura poco ya que en breve se organizan nuevas actividades: en una parte del parque un espectáculo de payasos y mimos atrae la atención de los niños. En la otra, la gente del grupo de Internacional organiza una reunión al aire libre. Entremedias, alguien compra camisetas como souvenir del día.

Llega la (penúltima) traca, antes de que el concierto de Marinah haga de guinda del pastel: Gerardo Pisarello, Xavier Domènech y Ada Colau se dirigen a centenares de personas. Todo esto, amenizado por la música de Pau Vallvé y Maria Arnal. Y por dos vídeos de felicitación: el primero recoge las felicitaciones de gente como Kichi, Xulio Ferreiro, Manuela Carmena o Pablo Iglesias. El otro es un homenaje a los nervios y a la emoción de aquella noche electoral que cambió la historia de la ciudad. Como no podía ser de otra manera, el vídeo recuerda que fue Xavier Trias quién informó a Ada Colau de que había ganado las elecciones, al llamarla para felicitarla. Tampoco faltan invitados especiales, como Baki, miembro de Nuit Debout. Entusiasmado, conecta las movilizaciones de París con la lucha de Barcelona. Las circunstancias concretas de cada proceso pueden ser diferentes, pero los puntos en común son esenciales: la gente se levanta contra la austeridad, y da esperanza a una Europa. Con palabras como estas, no es extraño que la intervención de Baki acabe entre gritos de ¡Sí se Puede!

Gerardo, Xavier y el Ada dejan sus prioridades claras. A pesar de los ataques provenientes del establishment político, Barcelona y los Ayuntamientos del cambio han llegado para quedarse. Parando desahucios, revirtiendo los recortes a los servicios sociales. Trabajando para cambiar las cláusulas de contratación social, oponiéndose al TTIP. Demostrando, a paso, que hay otra manera de hacer política. Ciudades que no se encuentran solas en la lucha sino que, juntas, dan voz a la gente que antes no tenía, y hacen frente al desorden provocado por gobiernos austeritarios como el de Mariano Rajoy. Una respuesta que, con el tiempo y la práctica, ha acontecido más fuerte. Tanto, que ya recibe los ataques de los cuales no querían que nada cambiara. De aquellos que antes se reían. El problema, pero, es que esta reacción llega tarde. Y el 26-J algunas cosas pueden cambiar.

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