Viernes, 27 mayo, 2022

Barcelona, ciudad amiga de los perros

Barcelona tendrá un nuevo centro de acogida de animales de compañía. El nuevo equipamiento verá la luz el próximo año, con el triple de espacio que hasta ahora, boxes mejores y más bienestar para los 350 perro y 150 gatos que podrán ser atendidos. Es una de las novedades que hacen que Barcelona sea, cada vez más, una ciudad amiga de los perros

Son muy pocas las comunidades de vecinos que no convivan con un perro en su comunidad. Y son muchas las comunidades que en cada rellano de la escalera vive una familia multiespecie. Algunos estudios nos indican que un alto porcentaje de los “millenians” han decidido romper el molde de la familia tradicional y han querido que un perro ocupe ese lugar de la crianza y de los cuidados. Esta realidad ha obligado a quienes diseñan el espacio público a entender esta nueva situación y en cada actuación piensan en ello. Esto nos compromete todavía más a ejercer una tenencia responsable a quienes convivimos con ellos, nos obliga a redoblar los esfuerzos cambiando algunos hábitos. Por ejemplo, evitar que el orín de Laica sea sobre una farola a la que puede oxidar en menos de un año.  Que las bolsas con heces de Ron no acaben en una papelera abarrotada, sino en un contenedor. Que el pequeño parterre de nuestra calle con florecillas de colores, mejor que no lo pise nadie, Nina tampoco. Que cuando Lua y Tom se enfrascan en una carrera por el parque, se evite que lo hagan en un sitio de paso de personas mayores a los que pueden hacerles perder el equilibrio. Que pensemos en esos nudos de biodiversidad en los que se están convirtiendo nuestros parques y jardines, en la flora y fauna silvestre que nos mostraran de forma perceptible el grado de buena salud de nuestra ciudad.

Por su parte, la ciudad también debe respetar a los perros, atender sus necesidades.  En cada distrito de Barcelona ya existen espacios de más de 700 m2 para que los perros puedan hacer lo que más les gusta, además de invadir el sofá, convivir con otros perros y comunicarse con ellos. Esos derechos, ganados día a día, deben enorgullecernos como barceloneses y barcelonesas. Pero esto no ha sido un regalo, es fruto de la vitalidad de la participación de las organizaciones en defensa de la protección de los animales en el Consejo municipal. Este año se han cumplido 25 años de su constitución. Un cuarto de siglo peleando cada una de las conquistas en protección y derechos de los animales. Un Consejo que rinde cuentas y que ha exigido a los distintos gobiernos que ha tenido la ciudad esa otra mirada, la animalista, que cada día está más presente, también en la administración municipal. Una ordenanza municipal pionera es la muestra de ello.

El acceso de los perros a metro y tranvía, la playa exclusiva para ellos, las actuaciones contra el maltrato y los controles para evitar el fraude en tiendas y anuncios en plataformas. Pequeñas y grandes actuaciones que son el mejor indicador para reconocer que Barcelona se esfuerza para ser una ciudad amiga de los animales, de todos los animales. Una tarea que no es nada fácil y despierta reticencias; como con todos los recién llegados a la ciudad, hay quien no entiende estos cambios que se producen en nuestro entorno para que quepamos todos. Son aquellos que desean detener las manecillas del reloj y que la ciudad no mute por nada del mundo. Mientras que en otras ciudades se riega con dinero público la expresión más cruel de la tortura animal, como es la tauromaquia, en Barcelona se cierra un delfinario y se reduce la población de palomas con métodos innovadores y éticos.

A nuestros perros los cuidamos, los queremos, los alimentamos y sobre todo no les abandonamos. Sin embargo, sabemos que en el Centro de Acogida de Barcelona existen “los invisibles” que esperan una segunda oportunidad. Las cifras de abandono en Barcelona se van reduciendo, un 44% en los últimos 4 años, pero todavía existe y una ciudad amiga de los animales debe proponerse acabar con el abandono. Este es el reto compartido de la ciudadanía, cada vez más sensible al bienestar animal y de las administraciones, a las que debemos seguir exigiendo políticas públicas acordes con esta premisa.