Sábado, 14 noviembre, 2020

El rescate de Air Europa, una oportunidad desaprovechada

Poner dinero en una industria que es uno de los principales actores de la emisión de gases de efecto invernadero sin ninguna condición es de una ceguera preocupante

Hace unos días, el Parlamento Europeo fijó su posición para asentar la base del Fondo de Reconstrucción de Europa: la transición ecológica. En ella se establecía que el gasto vinculado al cambio climático y la biodiversidad se elevara hasta el 40% y que ninguna actuación podría ser contraria a los objetivos medioambientales.

El fondo de reconstrucción se convierte en fundamental no sólo porque se trata de un volumen de recursos sin precedentes (750.000 millones de euros) sino también porque sienta las bases de la economía del futuro en Europa. En este futuro, la transición ecológica se convierte en el principal vector económico. 

Pero la realidad en los estados no acaba de encajar con esta visión. Sin ir muy lejos, hace pocos días también conocíamos que el gobierno del Estado ha decidido un rescate millonario: se anunciaba la decisión de verter 475 millones al rescate de una aerolínea, Air Europa. Una aerolínea que arrastra ya 1.000 millones de deuda y que, como cualquier compañía en esta industria, es responsable de la emisión de miles de toneladas de CO2eq, gas que alimenta el cambio climático.

475 millones de euros que no sólo no se podrían imputar al fondo de reconstrucción anunciado por Europa sino que además contradice los mismos objetivos europeos de mitigación del cambio climático. Aún no hemos recibido el primer euro para superar la crisis actual y ya nos estamos gastando millones en la dirección opuesta. 

Son, además, 475 millones de euros que van en contra de la propia ley estatal de cambio climático y de transición energética que está impulsando el gobierno, en que el concepto descarbonización está entre sus objetivos principales. Qué cosas: en el mismo momento en que se conocía el rescate de Air Europa, se presentaba la estrategia del Estado español para adelantar en la estrategia de descarbonización del país. 

Poner dinero en una industria que es uno de los principales actores de la emisión de gases de efecto invernadero sin ninguna condición es de una ceguera preocupante. Sólo cabe recordar que la aviación vinculada al aeropuerto del Prat, en Barcelona, emite 7,6 millones de toneladas de CO2, exactamente dos veces más de lo que emite la ciudad entera. 

Si el rescate de la crisis sanitaria pasa por agravar la crisis climática, más que un rescate es una condena. 

España tenía la oportunidad de, como mínimo, poner condiciones a ese rescate, como sí hicieron otros países a su sector aeronáutico nacional, también ahogado por la crisis sanitaria como muchos otros sectores relacionados con la movilidad internacional. Pedirles un plan de reducción de emisiones, la eliminación de vuelos cortos con conexión ferroviaria –como el puente aéreo— o eliminar definitivamente la exención en el consumo de queroseno son medidas que se están implementando en otros países y que permiten hacer una transición ecológica imprescindible para construir futuro. 

Estamos en un momento crucial para nuestro futuro y por eso todas las decisiones que tomemos deben tener una mirada a largo plazo. Europa ha aprendido la lección y sabe que no hay futuro ni prosperidad económica, si no integra y lidera la lucha contra el cambio climático en todas sus decisiones. El medio ambiente ha dejado de ser una externalidad o una carga para ser un elemento constituyente de la propuesta económica. 

La descarbonización de la economía y la economía verde son los pilares de la Europa que queremos construir, y por eso debemos exigir que también lo sean del Estado español, de las comunidades autónomas y de los municipios. En Barcelona lo tenemos claro.