Dilluns, 6 abril, 2020

Un Ayuntamiento en estado de alarma

Durante los primeros momentos de la declaración de emergencia pareció que los gobiernos locales tenían muy poco papel en esta crisis. El Estado anunciaba que tomaba el mando general de la situación y cuatro superministros, con el presidente al frente, se erigían como autoridad pública para hacer frente a la epidemia. La Generalitat seguía teniendo un papel indiscutible como titular del sistema público de sanidad, además de todas las competencias en materia de seguridad, residencias de personas mayores o transporte público. Cuando llega una guerra –las metáforas bélicas merecerían otro artículo– es el momento del hard power , y la proximidad y sensibilidad de las administraciones municipales parecía que hacían más fastidio que servicio.

Eso ha cambiado. A medida que la epidemia avanzaba, los gobiernos locales han ido saliendo del confinamiento competencial y han ido tomando un papel cada día más relevante. ¡Y es que esto, por suerte, no es una guerra! Médicos sin Fronteras lo dejó claro desde el primer momento: hay que combinar actuaciones a muchos niveles, hay que inventar respuestas para adelantarse a la evolución de la enfermedad, hay que contar con los recursos más impensados y, sobre todo, es indispensable la colaboración ciudadana. De repente la flexibilidad municipal, el soft power , se convertía en un activo valioso para frenar contagios, garantizar el acompañamiento a una sociedad confinada y activar todas las energías de una sociedad civil con ganas de colaborar.

A medida que la epidemia avanza, los ayuntamientos salen del confinamiento competencial

El Ayuntamiento de Barcelona ha vivido una autentica transformación organizativa que ha puesto a toda la estructura municipal en “modo emergencia”. La estrategia no ha sido la centralización, sino crear equipos por proyectos, utilizar todas las posibilidades del teletrabajo, flexibilidad, creatividad y máxima autonomía. Un comité coordinador de la crisis, con más de veinte participantes conectados telemáticamente, cada día pone en común, distribuye tareas, evalúa propuestas y toma decisiones. Hemos mantenido todos los servicios esenciales en condiciones de emergencia, pero también hemos impulsado un primer paquete de medidas para paliar los efectos de la epidemia en la economía y en la cultura, hemos habilitado un pabellón para personas vulnerables, hemos comprado en China 12 toneladas de material de prevención, hemos hecho crecer con 2.000 camas los hospitales de referencia de Barcelona, y ahora hemos activado un equipo de profesionales y bomberos para actuar en las residencias de las personas mayores dependientes de la Generalitat, entre muchas otras iniciativas.

Somos conscientes de la dureza de esta epidemia, de las muertes y el sufrimiento que está generando, pero también de la capacidad de Barcelona para salir adelante, activar entidades, empresas y redes comunitarias para hacer frente a cualquier emergencia y acompañar a los que más lo necesitan. Una ciudad que hizo el Eixample para mejorar la salud de los barceloneses, que ha sabido combatir la epidemia activando todos los recursos disponibles, sabrá liderar también la recuperación social, cultural y económica. ¡Sólo hace falta una cosa, que nos den campo para correr!