La Fórmula 1 precisa velocidad y el debate sobre la inversión pública, evaluación

Por Jordi Mir García @llambordes y Paula Veciana @paulavb_

Publicado en El Diario el 06/06/15

¿Cuántas veces hemos oído decir que falta cultura de evaluación en nuestro país? Aunque pocas. Cuando miramos a los Estados Unidos o a otros países europeos podemos encontrar estudios y evaluaciones de la mayor parte de políticas públicas que se han desarrollado desde las administraciones públicas. Y, también, por ejemplo, los proyectos sociales que impulsan organizaciones no gubernamentales, del tercer sector. Mientras tanto, aquí, este tipo de análisis del trabajo realizado son demasiado poco habituales. Esta falta de evaluación tiene graves consecuencias, tan nocivas como aparentemente no percibidas por nuestra sociedad. No disponer de estudios de impacto de los proyectos y de las políticas que se han ejecutado dificulta saber si hemos cumplido con lo buscado, saber qué hemos generado, saber qué deberíamos hacer para volver a tener los mismos resultados u otros diferentes, dificulta la priorización de los recursos disponibles .…

Con motivo de la victoria de Barcelona en Comú a las elecciones municipales, ha ganado potencia el cuestionamiento de este proyecto por parte de diferentes poderes políticos y económicos. Se apunta a las medidas que se podrían tomar relativas a inversiones públicas como las que suponen la Fórmula 1 o la capitalidad del Congreso Mundial de Telefonía Móvil. Colau, ha mostrado la voluntad de Barcelona en Comú de continuar con el Congreso, pero también de revisar el acuerdo y sus implicaciones. En el caso de la Fórmula 1 ha señalado que no es tan prioritario como pueden serlo las becas-comedor u otras políticas encaminadas a garantizar los derechos básicos y que hay que evaluar lo que implica esta inversión millonaria. Pero esto no ha calmado las críticas. El discurso mantenido por CIU durante la campaña era que no se puede repartir riqueza si antes no se genera. Y en campaña y fuera de ella anuncia que Barcelona en Comú significará un retroceso para la generación de riqueza en Barcelona. Podemos estar de acuerdo con que nadie quiere repartir miseria. ¿Pero sabemos qué riqueza se está repartiendo gracias a la Fórmula 1? ¿Sabemos qué retorno tienen los millones de euros que el Ayuntamiento de Barcelona dedica al Circuito de Barcelona-Catalunya? ¿Sabemos qué pasaría si no los pusiera?

¿Qué datos públicos tenemos? El mismo Circuito cifra el beneficio para Cataluña en 331 millones de euros para el 2014, generados por las casi 550 mil personas que han asistido. El 54% del beneficio proviene del gran premio de F1. A esta competición es donde asisten más extranjeros, que hacen una estancia media de 3 o 4 días en Cataluña (buena parte en Barcelona); mientras que en las competiciones de MotoGP el público es mayoritariamente local o del conjunto del estado. Dado que el gasto por asistente en el Gran Premio de F1 es más elevado que para el resto de eventos, gran parte del impacto económico del circuito viene de extranjeros: para el año 2009, un 39% del beneficio vendría de extranjeros y el 31% vendría de residentes en el resto de España. Vale decir, que éstos son todos los datos de los que se dispone y no para cada año. No podemos explicar su variabilidad: en 2009 el impacto económico se cifraba en 120 millones y no hay información sobre cómo se habría triplicado este impacto.

Es necesario preguntarse a quién beneficia lo que genera el Circuito. El estudio de impacto económico no lo especifica. El Ayuntamiento de Barcelona anunció en 2013 que para la ciudad el retorno era de 60 millones de euros, pero sin especificar cuanto volvía a la propia administración. El consejero d'Empresa y Ocupació, Felip Puig, hablaba esta semana de un impacto en la ciudad de 200 millones de euros para la ciudad. El estudio del Circuito del 2009 nos dice que el 29,5% del gasto que hacen las personas asistentes corresponde a servicios de comercio, el 27,3% a servicios de transporte y comunicaciones y el 20,5% a servicios de hostelería. Con estos datos hace difícil trabajar. Parece claro que la F1 genera negocio y que la inversión pública se plantea como clave para su continuidad. Pero las preguntas se multiplican.

Si la F1 genera 331 millones de euros,¿necesitamos que el Ayuntamiento de Barcelona en dedique 4 y la Diputación de Barcelona 2 o la Generalitat 5? Los 60 o 200 millones que retornarían en beneficio de la ciudad de Barcelona, ¿como se distribuyen? Responder a estas preguntas es clave para saber a qué se deben dedicar los recursos de una ciudad que tiene un 18% de su población bajo el umbral de la pobreza. Quizás para poder disponer de guarderías públicas a precios accesibles necesitamos invertir en proyectos como la F1, pero ahora no lo sabemos. Ahora no tenemos la información necesaria para tomar una decisión con suficiente fundamento. El consejero, Felip Puig, ha pedido a Ada Colau que no tome decisiones ideológicas. ¿Qué nos hace pensar que una opción es ideológica y la otra no? Una se fundamenta con el principio de la generación de riqueza como un factor positivo, sin tener demasiado claro a qué manos va a parar, y el otro en el principio de garantizar derechos básicos.

Las ideas son básicas para todo, también por los proyectos políticos. La reivindicación que aquí hacemos no es un elogio tecnocrático en contra de la política. Y, en el debate sobre el presupuesto de una ciudad y, por ejemplo la Fórmula 1, hay que tener en cuenta muchas otras cosas aparte de los datos que ahora pedimos. Hay que pensar por ejemplo en todo lo que es modelo la F1 y si nos parece positivo, incluso, si nos aporta grandes ingresos. Es otro debate a hacer. Pero por el debate surgido ahora hay que tener presente que una sociedad que se quiere democrática debería poder tener la máxima información a la hora de debatir sobre el destino de sus recursos públicos y ello pide analizar y evaluar lo que hacemos y tratar de saber todas las consecuencias. Necesitamos disponer de datos, de análisis de coste-beneficio, de evaluaciones de impacto ... Si no tenemos toda esta información, el debate sobre el destino de los recursos públicos será de muy baja calidad. Por encima de todo, tiene que ser el debate político, pero debe ser un debate informado y accesible al conjunto de la ciudadanía. Conseguir hacer otra política también pasa por aquí.