Dimecres, 4 març, 2020

feminisme, emergència climàtica

El ecofeminismo es la respuesta

Ante tergiversaciones como el ecofascismo o el capitalismo verde, el ecofeminismo profundiza en la necesidad de parar la explotación de las mujeres y la naturaleza. El modelo capitalista actual está en guerra con la vida

Austria comenzó el año con un nuevo gobierno de coalición entre Los Verdes y el partido conservador del primer ministro Sebastian Kurtz, que hasta entonces gobernaba con la extrema derecha. A cambio de entrar en el gobierno, los ecologistas han aceptado un programa xenófobo, con medidas como la posibilidad de encarcelar solicitantes de asilo considerados peligrosos, sin haber cometido ningún delito. Esta alianza contranatura nos recuerda el peligro de la aparición de proyectos políticos que combinen la protección del medio ambiente con políticas autoritarias y antidemocráticas: el llamado ecofascismo.

Pueden parecer sorprendentes las combinaciones como la austriaca en un momento en que cada vez más actores políticos asumen la necesidad de tomar medidas decididas para hacer frente a la emergencia climática. La transición ecológica ya es una evidencia, pero esta transformación puede adoptar muchas formas.

El ecofascismo es una de ellas: construir comunidades ecológicamente sostenibles, pero cerradas, hostiles a los que vienen de fuera (incluidos, incluso, los mismos refugiados y refugiadas climáticas).

Otra vía es la del capitalismo verde, que quiere utilizar los mecanismos del libre mercado para fomentar las energías renovables y promover el abandono de las energías fósiles. Pero construir más molinos y paneles solares no es suficiente para hacer frente a la profunda crisis ecológica que afrontamos. Así lo está demostrando la subida sostenida de las emisiones de CO². Como explican autoras como Yayo Herrero, necesitamos ir más allá y cambiar profundamente nuestra economía, superando la lógica de crecimiento infinito.

Del mismo modo que Yayo Herrero, luchadoras por el derecho a la tierra y los derechos de las mujeres como la activista hondureña asesinada en 2016, Berta Cáceres, nos han mostrado claramente el vínculo entre las tesis feministas y ecologistas. Una propuesta, la del ecofeminismo, que profundiza en la necesaria transformación de las lógicas imperantes de explotación de la naturaleza y de las mujeres con un origen común: el sometimiento de ambas en un modelo de desarrollo que subordina el sostenimiento de la vida a las dinámicas de acumulación de capital. El modelo capitalista actual, extractivo y neoliberal, está en guerra contra la vida, ignora que somos seres ecodependientes e interdependientes, que nos necesitamos las unas a las otras y que necesitamos un planeta con buen estado de salud para seguir viviendo.

Ante este individualismo, necesitamos comunidades más cohesionadas y más justas. En lugar de una economía de crecimiento ilimitado, necesitamos una economía que respete el equilibrio de los procesos naturales y que ponga en el centro las necesidades humanas, también el cuidado. El ecofeminismo propone este cambio de paradigma alimentado por las propuestas ecologistas y feministas, siendo ambas protectoras de la vida y profundamente transformadoras. Hoy, el gran reto del ecofeminismo es aterrizar esta reflexión con urgencia, traducir los aprendizajes de estos dos movimientos emancipadores en un proyecto político coherente que supere lógicas ecológicamente insostenibles y socialmente injustas.

Con el objetivo de favorecer el diálogo entre ecologismo y feminismo, este año en Barcelona dedicamos el histórico premio 8 Marzo – Maria Aurèlia Capmany al tema «ecofeminismo y emergencia climática». Además, durante tres semanas la ciudad se llenará de una agenda cultural ambiciosa y diversa alrededor del ecofeminismo. La emergencia climática es el mayor reto al que hace frente la civilización, pero también es una oportunidad para construir sociedades más justas y felices. Este mes de marzo, en Barcelona pondremos nuestro grano de arena para avanzar hacia ese futuro esperanzador.