#SinMordazas

De la patada en la puerta a la ley mordaza

Por Peru Erroteta, de l'Eix Dret a la Informació

El miércoles 1 de julio entra en vigor la ley mordaza, una tríada represiva (seguridad ciudadana, reforma del código penal y antiyihadista), que incluye más de cincuenta sanciones por causas tan diversas como hacer una asamblea en un aeropuerto (muy grave), obstruir actuaciones judiciales o administrativas, como los deshaucios (grave) o beber alcohol en la calle (leve), pasando, como no, por legalizar los rechazos en la frontera de inmigrantes irregulares. Lo que hasta ahora era perfectamente lícito puede ser objeto de multas de hasta 600.000 euros.

Desde siempre, las políticas impopulares han sido acompañadas de medidas represivas. Es lógico: si aprietas las clavijas, se producirán protestas y para acallarlas nada mejor que la violencia (institucional). Recuérdese a este propósito al bombero Felip Puig apagando (a golpes) los incendios que provocó Artur Más con sus recortes.

Parece en tales casos, que el recurso a la fuerza parece tener que simultanearse y hasta guardar proporción con las causas que lo inspiran. Cosa que en el caso de la ley mordaza no ocurre, ya que va entrar en vigor a años vista de las medidas adoptadas por el Gobierno de Mariano Rajoy contra los intereses de las clases populares. Y a este propósito cabría preguntarse si tal desfase responde solo a un desajuste del engranaje administrativo, es consecuencia de la tópica incuria del Presidente o quizá, lo que resulta más grave, se desprende de la irremediable querencia de la derecha por el palo y tente tieso, más allá de cualquier hecho que lo pudiera justificar.

Se podría sobrentender, asimismo, que las medidas represivas tendrían que tener algo que ver con las causas que las inspiran. Tampoco es este el caso de la ley mordaza ¿Es que la sociedad se ha transformado de la noche a la mañana en una amenaza? ¿Acaso los mínimos derechos ciudadanos ponen en peligro el estatus dominante? ¿Estamos rodeados de violentos incontrolables? ¿No será quizás que en el ADN conservador anida un temor paranoico contra todo y contra todos los que potencialmente pueden llegar a considerarse enemigos?

Por añadidura, la ley mordaza mezcla todo. Desde regular “los registros corporales externos”, hasta perder más de tres veces el DNI, pasando por la “falta de respeto” a agentes, el traslado de personas a los “poblados de la droga”, “perturbar oficios” religiosos, la negativa a disolver reuniones o manifestaciones cuando lo ordene la autoridad… En el saco del ministro del interior, Jorge Fernández Díaz, cabe todo. Su ley no necesita justificación, se la pide el cuerpo. Le da igual que las entidades sociales, la UE y hasta la propia ONU estén en contra. Ha contado con la mayoría absoluta del PP para proclamarla y se acabó.

Y por si podría faltar algo para hacer más insidiosa y dañina la ley mordaza, ahí está la “amenaza yihaidista”, último recurso para avalar la represión, no solo puntual sino como filosofía política. De ese gran pretexto se cuelga ahora lo que, real o potencialmente, le cae gordo a los poderes conservadores. Y, en cualquier caso, “si no existiera habría que crearlo”, que hubiera dicho Winston Churchill. La ley mordaza -que sustituye a la célebre de la “patada en la puerta del exministro socialista Javier Corcuera- no es, en fin, más que otra vuelta de tuerca al vértigo de la represión (antiguo e ineficaz) que sufren autoridades como la del Partido Popular y que, acabará, sin duda entre los detritus de la historia.