Dissabte, 22 febrer, 2020

Capital, cultura y ciencia

La bicapitalidad implicaría inversiones anuales y duraderas en el tiempo. De una selección estratégica de proyectos dependerá la transformación del modelo de progreso económico y social

Capital. Barcelona sufre en su piel las crisis de la contemporaneidad. El debilitamiento de las democracias liberales, los nacionalismos, los zarpazos de la emergencia climática, y ahora el pánico sanitario y la guerra China-EUA, que se ha llevado por delante el Mobile. Ante esto, debemos aprovechar las oportunidades y dejar de pensar en la GSMA. Para empezar, ganando la capitalidad cultural y científica de Barcelona. Criticada en uno y otro lado de las trincheras nacionales, la bicapitalidad permite imaginar una Barcelona más fuerte y podría poner las bases de la resolución del conflicto territorial.

El gran problema de España no es el independentismo, proclive a mucho ruido y pocas nueces, sino la concentración de poder en Madrid. Una acumulación que perjudica a Catalunya y es nociva para las regiones periféricas y la España vaciada. Al Madrid sobredimensionado poco le importan el Mar Menor o los temporeros de Huelva. La promesa de Pedro Sánchez a Ada Colau, sin embargo, es una grieta de esperanza para empezar a deshacer el nudo en el que estamos atrapados. Si se hace realidad, se dibujará otro mapa español de poder.

Cultura. La bicapitalidad bascula sobre dos ejes: cultura y ciencia, precisamente las áreas más maltratadas por los sucesivos gobiernos. La cultura, esa incomprendida que da vigor a la democracia y alimenta el pensamiento crítico. La bicapitalidad debe traducirse en dotaciones presupuestarias para los principales equipamientos culturales de la ciudad, hoy en la UCI. Lamentemos la cancelación del Mobile, pero lamentemos aún más que estamos lejos de la vanguardia artística de Europa. Por la concentración de poder en Madrid. Y por la miopía de la propia clase política, que no entiende la importancia del arte.

Las artes son imprescindibles para construir ciudades más prósperas y democráticas. Los que cualifican el arte de capricho de ricos deberían recuperar al crítico marxista John Berger. El británico juzgaba las obras de arte en función de si estas ayudaban o no a los seres humanos “a reivindicar sus derechos sociales en el mundo moderno”.  “En el arte nace de la esperanza”, decía.

Ciencia. El segundo eje es la ciencia, en la que Barcelona goza de una posición envidiable en el mapa europeo. Con centros como el BSC (clave en la apuesta europea por la soberanía tecnológica, del que el Ayuntamiento debería formar parte), el ICFO, el IRB, el BIST. Y con cuatro universidades públicas en alguna de las 17 alianzas europeas seleccionadas por la Comisión para liderar un salto de escala en educación superior.

La bicapitalidad implicaría inversiones anuales y duraderas en el tiempo. De una selección estratégica de proyectos dependerá la transformación del modelo de progreso económico y social. De turismo y construcción a investigación, innovación y creatividad. Esta es la clave. Capitalidad, cultura y ciencia. Tres conceptos para un futuro prometedor, con o sin Mobile. “Hay una grieta en todas las cosas; ahí es por donde entra la luz”, dijo Leonard Cohen. Aprovechémosla.