Dissabte, 5 desembre, 2020

Barcelona, capital mundial de la alimentación sostenible

La emergencia sanitaria y la crisis económica actual han dejado al descubierto algunas de las vulnerabilidades a las que nos enfrentamos.

Hay un clima de incertidumbre sobre el futuro que puede generar angustia entre la ciudadanía. Pero la crisis también ha puesto de manifiesto la importancia de reforzar nuestros servicios públicos e invertir en un sistema de cuidados que no deje nadie atrás, especialmente a nuestros niños y personas mayores. Décadas de recortes en los servicios sociales y en el sistema de salud pública han deteriorado uno de los pilares fundamentales del Estado de bienestar, y la pandemia nos ha cogido sin las camas, el personal y los recursos suficientes para hacer frente con condiciones.

Pero esta crisis también pone de relieve la importancia de prestar más atención a algunos elementos no resueltos, como la alimentación. El sistema alimentario actual genera hasta un 37% de las emisiones de efecto invernadero, provoca deforestación y pérdida de biodiversidad. Y este es un elemento clave, ya que para cuidar la salud de las personas es imprescindible cuidar la salud de la naturaleza en su conjunto. Comer es una acción indispensable para la reproducción de la vida. Todos comemos. Y en una crisis económica todavía es más importante asegurar que todos tenemos cada día un plato caliente en la mesa. En los últimos meses las necesidades alimentarias de las familias han crecido de manera preocupante. Los servicios sociales del Ayuntamiento han incrementado un 190% las entregas de comidas diarias y han concedido 12.000 becas comedor más para cubrir necesidades alimentarias. Pero se trata de garantizar, además, que todo el mundo tenga acceso a una dieta saludable. En Barcelona uno de cada diez niños entre 3 y 4 años sufre obesidad infantil y el 14% de la población metropolitana no se podía pagar una dieta sana antes de la pandemia.

Es una oportunidad para emprender acciones que mejoren la vida de nuestros ciudadanos y la salud del planeta

Quizás sería un buen momento para recuperar lo que sabiamente nos enseñaron nuestras abuelas: a no malgastar, a comer sano, con productos frescos y de temporada. A ser conscientes de lo que cuesta hacer crecer cada fruto, poner en valor toda la cadena de producción y saber de dónde vienen las cosas que comemos en casa.

El próximo año Barcelona se convertirá en Capital Mundial de la Alimentación Sostenible, una gran oportunidad que tenemos que aprovechar: nos posiciona como referente internacional en un tema primordial como la alimentación sostenible, y nos permite afrontar el reto de avanzar para generar espacios más integrados, sostenibles y autosuficientes. Pero sobre todo es una oportunidad para dar un salto adelante en políticas alimentarias y emprender una serie de acciones que mejoren la vida de nuestros ciudadanos, así como la salud de los ecosistemas y del planeta.

Tenemos una red de mercados municipales de primera categoría, un parque agrario en el delta de Llobregat que es un tesoro, un campesinado receptivo y con ganas de reconectar el campo y la ciudad en el marco de un sistema agroalimentario más justo y sostenible, una ciudadanía con ganas de colaborar, unas escuelas dispuestas a trabajar en el proyecto y un sector de la restauración potente y con ganas de innovar. Si vamos muy juntos, podemos convertir la capitalidad en un revulsivo que nos ayude a comer sano y al mismo tiempo en una oportunidad para crear empleo y dinamizar una economía más sostenible encaminada a hacer de nuestra región metropolitana una región más segura y resiliente en el futuro.