El tranvía de la justicia

Artículo de Ton Salvadó, director de Modelo Urbano del Ayuntamiento de Barcelona.

Publicado el 25/07/2017. Lee el artículo original

 

A estas alturas ya nadie discute que uno de los problemas más graves de Barcelona es la contaminación. Y por eso no podemos descuidarnos, es una cuestión prioritaria, de salud, para los adultos que la provocamos, pero sobre todo para nuestros hijos, que pronto nos pedirán responsabilidades: "¿A qué esperábais?".

Durante los años de crecimiento económico hemos construido un modelo sociogeográfico de ciudad absolutamente injusto e insensato. Nos hemos convertido en esclavos de la movilidad, vivimos muy lejos de donde trabajamos. Esto hace que el vehículo privado ocupe más de la mitad del espacio público y que en Barcelona entren y salgan más vehículos que en Manhattan.

No es una cuestión de gustos. No nos podemos permitir ni un minuto más dudando, entre los modelos de crecimiento descontrolado, al servicio de unas formas de movilidad que piden importantes infraestructuras con beneficio de muy pocos y perjuicio de muchos, o bien los modelos que buscan formas de movilidad más democráticas, más saludables y que permiten recuperar el espacio urbano para los peatones.

Es inevitable un cambio de rumbo. Hay que ir recuperando el espacio actualmente ocupado por miles de vehículos, aparcados o en movimiento, reducir la dependencia obligada del vehículo privado y minimizar los desplazamientos indiscriminados. Tenemos que conseguir una Barcelona menos contaminada y, por tanto, más saludable. Y por eso es necesario que la infraestructura de la ciudad esté prioritariamente al servicio del transporte colectivo, de la bicicleta y del ir a pie, y hacer así que pasear por Barcelona sea más seguro y, sobre todo, un placer indiscutible.

EFICIENCIA ENERGÉTICA

Y en esta reconquista de la superficie urbana, el tranvía es irrenunciable. Es el sistema de transporte público en que la relación coste-beneficio y, por tanto, la rentabilidad social es de las más altas. Eléctrico por naturaleza, el tranvía es una nítida apuesta contra la contaminación. A la supuesta rigidez de los rieles, hay que recordar la contundencia de la capacidad y la mejor eficiencia energética por el menor rozamiento entre ruedas y rieles que entre neumáticos y asfalto. Además, el tranvía es la forma de transporte público más accesible para los más vulnerables, ya que el interior del vagón del tranvía está al mismo nivel que el andén. A diferencia del metro y el bus, desde la calle no hay que subir ni bajar un solo escalón. Y si lo es para los más vulnerables, las personas mayores que se mueven con dificultad, todas las personas con movilidad reducida, las madres y los padres que llevan a sus hijos con cochecito… también es el transporte con mejor accesibilidad para cualquiera de nosotros cuando llevamos el carrito con la compra del mercado.

Y Barcelona tiene una deuda histórica con sus habitantes, la conexión de sus dos tranvías, el TramBesòs y el Trambaix, aún hoy desconectados. Es una cuestión de sentido común.

No hablamos del romántico tranvía del siglo XIX que dejó de funcionar en 1971, hablamos del tranvía del siglo XXI, como el de las grandes capitales europeas, de una velocidad comercial mejor que el bus y con una capacidad de pasaje muy superior. Y, sin lugar a dudas, con un gran efecto transformador de la Diagonal, que convertirá esta avenida tan precisamente trazada por Ildefons Cerdà en una avenida muy especial por su nueva calidad urbana. Y que permitirá enlazar la Diagonal rica del paseo de Gràcia con la Diagonal modesta de la calle de la Marina, desde Francesc Macià hasta las Glòries.

PERSPECTIVA METROPOLITANA

Pero más allá de la lógica municipal, llega la hora de tomar la decisión con perspectiva metropolitana. Solo con los cuatro kilómetros que quedan por completar, nueve municipios del Baix Llobregat y del Besòs quedarían comunicados, atravesando el centro de Barcelona por la Diagonal. Y esto supondría un incremento potencial de miles de nuevos usuarios, porque también es una cuestión de justicia espacial. Barcelona, por responsabilidad y solidaridad, puede y debe contribuir a la equidad de acceso de los vecinos y las vecinas del área metropolitana al centro de la ciudad.

Hay que acabar con esta asignatura pendiente y garantizar la conexión de los dos tranvías por la Diagonal, y así ayudar a que la movilidad sostenible sea hegemónica en Barcelona.